El hereje, por Eduardo Galán

Escribe tus COMENTARIOS a nuestro colaborador AL FINAL DEL ARTÍCULO

eduardo galánMás y mejor teatro para los tiempos de crisis

Eduardo Galán propone en el siguiente artículo sus recetas para combatir la crisis, a base de ingredientes como la apuesta firme por la calidad y la profesionalidad de los espectáculos, así como una mayor dedicación y énfasis en las labores de comunicación y promoción por parte de los recintos públicos y privados.

Para combatir la crisis, creo que no hay otra receta que la de continuar mejorando los productos escénicos y mostrar a los espectadores el interés, actualidad y calidad de las representaciones teatrales.
Los espectáculos de calidad llenan los teatros. Citar es omitir. Aún con ello me arriesgo a citar el ejemplo del excelente musical "El rey león", el gran éxito de Stage Holding, que llena la Gran Vía madrileña desde su estreno y continuará con éxito en la próxima temporada. Otros ejemplos como "Agosto" en el Centro Dramático Nacional pueden suscitar la polémica por ser una producción pública, no por el interés causado en la población madrileña. Y son numerosos los ejemplos de producciones privadas que, en plenos tiempos de crisis, están elevando los controles de calidad del teatro español.
Más y mejor teatro profesional. Más y mejor comunicación de los espectáculos a través de todos los soportes: audiovisual, digital y papel. Más imaginación y creatividad en la captación de espectadores. No se pueden abandonar los recintos públicos, por la falta de presupuesto municipal, y ponerlos en manos de compañías aficionadas o semiprofesionales, como está ocurriendo en algunas localidades. El trabajo desarrollado en estos años de captación de públicos puede venirse abajo y será costoso volver a recuperarlo.
Sorprende –o, mejor dicho, no sorprende– comprobar cómo el mismo espectáculo puede poner el cartel de no hay localidades en un municipio y en otro de similares características no alcanzar ni el 30% de ocupación. Sorprende, y no sorprende, porque la ocupación depende del trabajo desarrollado desde los equipos de dirección del teatro en las últimas temporadas. Los clubes de espectadores, las programaciones de interés de los ciudadanos, la comunicación con los públicos, las políticas de acercamiento a los aficionados, la publicidad y los trabajos de promoción específicos para cada espectáculo obtienen, en la mayoría de los casos, el respaldo del público.
Si antes de la crisis era importante fidelizar públicos y captar nuevos espectadores, en tiempos de crisis debería ser un objetivo prioritario de los gestores de los teatros –públicos y privados–. En primer lugar, porque las arcas públicas requieren de los ingresos de taquilla para poder seguir reinvirtiendo en artes escénicas. En segundo lugar, porque resulta inmoral gastar alegremente cuando los administraciones no disponen de los recursos básicos para todas sus necesidades. Y en tercer lugar, porque las taquillas afectan directamente a los usuarios de los espacios públicos, es decir, a las compañías privadas, que cada día más actúan a taquilla, fijo más taquilla, seguros de taquilla… sin controlar ni dirigir las políticas de captación de espectadores.
Se habla mucho de la necesidad de que las empresas privadas asuman el riesgo de la taquilla. Según y como. Entendámonos. No es lo mismo acudir a un teatro público con una comedia moderna de dos o tres actores que con un clásico con una elevada nómina de actores y técnicos. El riesgo no es equivalente. Aunque sí lo es la indefensión de la empresa privada ante el trabajo de promoción que desarrollen los gestores de los teatros públicos. Esta falta de control y conocimiento puede ser hoy en día causa de desajustes importantes. Sin duda, en el éxito intervienen los gestores públicos. Pero también pueden intervenir en el fracaso económico. ¿Cómo resolver este problema acuciante? En cualquier caso, el teatro público no debería descuidar sus programaciones y debería evitar la programación de espectáculos no profesionales. No es buena política tampoco la de aquellos que, ante la crisis, han olvidado los precios políticos y han elevado el precio de las localidades a cantidades similares a las de los teatros privados de Madrid o Barcelona. Triplicar o cuadruplicar de golpe los precios no parece ser una buena política de captación de espectadores, aunque facilita la posibilidad de que las compañías arriesguen y puedan "ir a taquilla"… Hay excelente profesionales que hacen que las empresas privadas puedan obtener taquillas beneficiosas. Gracias a todos ellos. Y gracias también a las administraciones que, en lugar de cerrar, reforman los teatros y los vuelven abrir, como es el caso de recién reformado y reinaugurado teatro Roma de Murcia: bienvenidos y mucho éxito. No debería abandonarse la iniciativa surgida en los últimos años de mayor implicación de la iniciativa privada en la gestión de los espacios públicos, siempre desde la atención a los intereses generales de la población. En esta línea, la implicación en gestión de espacios, festivales o ferias, debería estar basada en pliegos exigentes de condiciones, de manera que se respetara siempre una programación abierta y de calidad y se exigiera a la empresa privada el riesgo en la gestión de espacios públicos que se le exige a la compañía que va a representar sus espectáculos en dichos recintos.
No deberían abandonarse, antes bien al contrario, deberían incentivarse las coproducciones de los teatros públicos con las iniciativas privadas a fin de dar sentido a las programaciones de calidad y favorecer las producciones de mayor riesgo y de carácter cultural, en una colaboración ejemplar de iniciativas públicas y privadas.
Tal vez el INAEM debiera insistir en esta época en su cometido constitucional de "favorecer la comunicación cultural entre CCAA" y propiciar tanto una conferencia sectorial con las CCAA para coordinar y tratar de mejorar las dificultades de la producción y la exhibición de los productos escénicos como su relación con los municipios. Más y mejores producciones para exportar, para favorecer la presencia de las obras escénicas españolas en el exterior. Por un lado, en Iberoamérica. Y, por otro, con Europa y el resto del mundo. Se echa de menos una colaboración más activa con las Embajadas y con los Institutos Cervantes. Se puede y se debe producir en formatos que sean "exportables", pero también se debe favorecer desde las administraciones las representaciones en el extranjero de las producciones que reflejen la cultura española, tanto de nuestros clásicos como de nuestro teatro más actual. Y en ello, la SGAE (a punto de afrontar nuevas elecciones a su Junta Directiva) debiera apostar de forma decidida por la internacionalización de nuestros autores, dedicarle el presupuesto que se ha dilapidado en aventuras sin sentido.
Más y mejor teatro en la nueva ley de mecenazgo. Una ley que, esperemos, incentive tanto la inversión en recintos escénicos (y no solo en los públicos, como el Real, el Liceo, CNTC) como en las obras (puesto que un espectáculo de calidad e interés gira por numerosas ciudades españolas)… Tiempos de imaginación, de diálogo, de esfuerzo, de colaboración. Más teatro, más comunicación, más control y más exigencia para todos.

Eduardo Galán

elhereje@elespectaculoteatral.es

EDICION DIGITAL
revista digital
PUBLICIDAD
simba
saben-aquel-que-diu
peroni
barranco

© 2012 Publicaciones Teatrales, s.l. • Diseño: Dos Dimensiones. • Política de privacidad