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El hereje, por Eduardo Galán

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herejeAutores españoles: una necesidad en las politicas de captación de públicos por Eduardo Galán

Eduardo Galán reflexiona en este número sobre las razones que provocan que los textos escritos por autores españoles vivos se vean relegados en los escenarios de nuestro país por montajes de obras clásicas y conocidas, ya sean antiguas o contemporáneas, así como de dramaturgos tanto de dentro como de fuera de nuestras fronteras. Galán señala cinco causas que conducen a este hecho, protagonizadas cada una de ellas por sus respectivos "culpables": los actores, los directores de escena, los productores, los medios de comunicación y las Administraciones públicas.

De quién es la responsabilidad de que los autores españoles actuales apenas estrenen o lo hagan, por lo general, con dificultad o en peores condiciones que los autores extranjeros, los clásicos españoles o los clásicos contemporáneos? Aunque tal vez, sobre la pregunta. Tal vez, los profesionales de las artes escénicas –coincidentes en muchos casos con los profesionales del audiovisual (cine y series de ficción de TV)– no ven necesario promover una cultura teatral propia y actual. Frente al cine, frente a la televisión, estamos promocionando una cultura foránea o antigua (clásica, si el término resulta más ponderativo). Si hacemos "Hamlet" o "El alcalde de Zalamea", por citar dos títulos emblemáticos, no hay director de escena que no insista en la "modernidad" y "actualidad" de los textos clásicos. "Justificatio non petita, acusatio manifesta", que decían los latinos.
Si hacemos clásicos es porque los clásicos nos gustan, nos entretienen, nos emocionan, nos distraen y, sobre todo, nos hacen sentir personas cultas. Y quienes asisten como espectadores también quieren sentirse cultos. Y quienes los programan –me refiero, fundamentalmente, a los recintos públicos– tienen la obligación de defender y promocionar nuestro patrimonio cultural. Y hacen bien en programarlo.
Pero el problema no reside en una falsa dialéctica entre el teatro clásico y el actual, sino en la necesidad de promover el teatro de hoy como una manifestación del sentir contemporáneo y como una forma de captar espectadores deseosos de ver en el escenario los conflictos cotidianos y humanos del presente con planteamientos y sentimientos de hoy.
¿Se quiere privar al espectador de la posibilidad de verse reflejado en el escenario tal y como hoy vive? No lo creo. ¿Se quiere, frente al cine, convertir al teatro en una forma de expresión artística arqueológica y emparentarla con la ópera o la Zarzuela, en donde apenas se concibe la posibilidad de la nueva creación? Tampoco lo creo. Sin embargo, miremos las carteleras de Madrid (exceptuando las salas alternativas), las de Barcelona y las programaciones anuales de la mayoría de los teatros públicos del país. ¿Qué se programa más: textos "antiguos" o textos de hoy? ¿Qué se produce más: textos actuales o textos de otras épocas? Y soy el primero que está produciendo teatro clásico. Así que la crítica es autocrítica.
Si somos mayoría los que creemos que el teatro, como la novela y el cine, debe reflejar nuestro tiempo con un texto de hoy, con actores de hoy y con puestas en escenas contemporáneas, modernas, ¿por qué no somos capaces de invertir la situación? No digo que dejemos de producir lo "clásico", sino que invirtamos las proporciones. ¿Qué razones nos impiden dar este vuelco y evitar que el teatro camine peligrosamente hacia la arqueología? Daré mis razones abiertas al debate.
En primer lugar, por la inseguridad de los actores. ¿Qué actor conocido prefiere interpretar un personaje (por maravilloso que pudiera ser) de un autor español de hoy que un Hamlet, o una Bernarda Alba, o un Pedro Crespo, o una Laurencia, o un Don Juan Tenorio, o una Julieta, un Rey Lear…? La seguridad que transmiten estos textos y estos personajes les anima más a comprometerse con este tipo de teatro. Sobre todo, los actores famosos, que son los que necesitan los autores españoles vivos para que sus obras puedan representarse en temporada en Madrid y en gira por toda España, porque tendrían la segura recepción del público y la segura contratación de la obra por el programador. Pero los actores de prestigio y éxito, en su mayoría, NO son actores comprometidos con el teatro de hoy. Hay excelentes excepciones. Y perdonen los que se sientan ofendidos. En segundo lugar, porque los grandes directores se sienten más a gusto dirigiendo un texto conocido, reconocido, que aventurándose por las difíciles sendas de un texto original y nuevo. Mayor riesgo, mayor aventura…
En tercer lugar, porque los productores temen el descalabro económico. Un temor que se produce de la suma de varios factores: por un lado, los textos "conocidos" suelen tener subvención asegurada para la producción por parte de las comunidades autónomas, y, por otro lado, suelen tener garantizada una entrada en redes con mayor facilidad que los textos actuales. Sobre todo, como decía antes, porque es más fácil contratar actores conocidos con un texto clásico que con uno desconocido de un autor de hoy. Y, en tercer lugar, porque estos textos garantizan, además de la gira, una taquilla segura en Madrid o en Barcelona, no de grandes temporadas, sino de temporadas medias, pero suficientes.
En cuarto lugar, porque los medios de comunicación se despreocupan por completo del autor de hoy. Cuando se estrena a Shakespeare, se habla del autor. Cuando se estrena a un autor de hoy, salvo excepciones, el autor no existe, literalmente no se cita su nombre. Si hay actores conocidos, todas las entrevistas de prensa, radio y televisión son para los actores, como si el texto hubiera sido escrito en otra galaxia. Y con esta falta de apoyo, es difícil que actores, directores, productores y programadores, confíen en el autor de hoy. Si los medios de comunicación ignoran al autor español vivo, ¿cómo van a interesarse los profesionales del teatro por el autor español? ¿Cómo va a generarse interés en el público?
Y en quinto lugar, las administraciones públicas han renunciado, en general y con sus excepciones, a promocionar con sus presupuestos –es el verdadero apoyo– la producción y exhibición de obras de autores españoles de hoy. Y el CDN actual no cree en el autor español, aunque a veces lo programe.
Se dirá, como he oído a menudo desde que era niño, que no hay autores, que escriben mal… Pero los mismos que triunfan en cine y en televisión con excelentes guiones también escriben teatro. Y otros muchos, que no escriben cine y televisión, también escriben excelentes obras teatrales.
Y, además, todos sabemos que los grandes éxitos de taquilla, las obras que permanecen más de una temporada en un teatro de Madrid o de Barcelona son, por lo general, de autores españoles vivos. Y cito, a modo de ejemplo, a Galcerán con su "Método Gronholm", el gran éxito de taquilla de la primera década de este milenio.

Eduardo Galán

elhereje@elespectaculoteatral.es


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