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Hacia una arquitectura participativa
de los espacios culturales por Santiago Fajardo
elapuntador@elespectaculoteatral.es
Santiago Fajardo, nuestro "apuntador" de este mes, es arquitecto y humanista, y dirige el estudio ESF, que desde hace años trabaja en proyectos y obras de espacios escénicos y centros culturales desde una visión contemporánea y participativa. Tanto en rehabilitación como en obra nueva y en diferentes formatos, sus proyectos y realizaciones en España y Sudamérica han recibido magníficas críticas de los expertos, publicándose en diversas revistas especializadas. Algunos de esos trabajos son el proyecto de la sala Arteria de Buenos Aires o la rehabilitación del Palacio Longoria, sede madrileña de la SGAE.
Los grandes teatros del siglo XIX, frecuentemente nacidos como teatros de producción y por ello con demandas logísticas y operativas de gran entidad, son edificios donde, dejando a un lado el binomio sala-caja escénica y sus áreas complementarias, el espacio restante se dedica a la circulación y exhibición del espectador en los entreactos. Espléndidos salones y majestuosas escaleras se conciben con el carácter de galería pública para el acontecimiento social, pero no existen servicios diversificados para la satisfacción del espectador desde una experiencia contemporánea más completa y atractiva en el hecho de acudir a un espectáculo. De entonces a ahora se han sucedido decisivos cambios, tanto en el formato y presentación de los espectáculos, como en la necesaria homologación de las infraestructuras necesarias para hacerlos girar, en orden a la viabilidad de las producciones. Espectáculos progresivamente complejos, paralelamente a los cuales se ha producido una necesaria modernización tecnológica que ha renovado todos los recursos de las cajas escénicas y, en buena parte, debidos al progresivo nivel de participación y creatividad de los escenógrafos. Hoy lo verdaderamente decisivo es la demanda de unas infraestructuras multifuncionales, donde el espacio escénico, aún siendo el principal, es una parte más de un complejo programa en el que se incluyen otros complementos que proporcionan a los centros culturales una amplia oferta de servicios que garantiza la sostenibilidad de su explotación.
Estos proyectos complejos son necesariamente obras corales, que han de analizarse desde una visión poliédrica y asimismo con una respuesta multidisciplinar. Contar con un abanico de especialistas en el estudio de cada uno de los aspectos que confluyen en el conjunto resulta fundamental. Nuestros asesores en la gestión cultural son de valiosa contribución, para exprimir las posibilidades del emprendimiento. Sus inputs son fundamentales para enfocar adecuadamente el proyecto y, en interacción con los promotores, concretar el programa más eficiente, incluso deduciendo las condiciones relativas al equipamiento más idóneo. Una vez definido el programa, creo que siempre es necesario escribir antes de dibujar; algo así como racionalizar el ámbito de lo vago, de lo etéreo; escribir sobre los conceptos e ideas que han de estar presentes en el edificio, sobre los verdaderos contenidos, en vez de ser prisioneros de una propuesta formal prematura. Un proyecto es un proceso de exploración del espacio y es por tanto un camino abierto hacia lo desconocido. Perderse en esa aventura y no ponerse límites es el mensaje a mis colaboradores, porque experimentar significa la posibilidad de descubrir.
Nuestra experiencia de muchos años proyectando y construyendo dentro de esta temática nos ha permitido acumular una amplia biblioteca de soluciones sobre los elementos fundamentales de la misma. Esa biblioteca facilita la elaboración de estudios preliminares sobre conjuntos complejos con el mayor rigor, exactitud y rapidez; porque, previamente, garantizamos el cumplimiento del objetivo con el correcto diseño y engranaje de esa maquinaria, lo demás es complementario y puede encuadrarse dentro del ámbito compositivo, estético, discrecional.
Nuestro estudio trabaja con la más vanguardista tecnología, que nos permite proyectar en tres dimensiones con modelos completos e integrar cuantos componentes van a formar parte del edificio, lo que facilita su coordinación en armonía, anticipándonos a posteriores situaciones conflictivas. Por ello, podemos decir que nuestro control sobre el proyecto, en su desarrollo, es del más alto nivel, lo que representa una interesante garantía para nuestros clientes. Por otra parte, tratamos de ofrecer algo más de lo habitual en un estudio de arquitectura. Hoy en día, el papel del arquitecto no puede ser el de un mero diseñador cuya actividad se anticipa e impone al resto de agentes que vienen después, porque no se les ha convocado en el momento oportuno. Aquí reside a nuestro juicio la diferencia: no puede haber consultores que inicien su colaboración con la película ya empezada. Por eso nuestro papel trata de ser más amplio, incorporando desde el inicio un abanico de servicios que creemos necesario para la consecución de los objetivos. Incorporar e integrar, esa es nuestra propuesta.
Nuestro trabajo no puede ser ajeno a esa condición universalizante que siempre ha presidido la creación de los arquitectos. A mi modo de ver, el arquitecto no debe ser un especialista, sino un humanista; aquel capaz de comprender la generalidad del todo como algo más que una suma de las partes, con el objetivo de obtener el mayor grado de satisfacción posible en el público, haciendo que el hecho de acudir a un espectáculo sea una experiencia completa y gratificante. Asimismo buscamos la excelencia en la satisfacción de los artistas al punto de que deseen volver por la calidad de sus servicios, confortabilidad de sus espacios, tecnologías disponibles, etc. Perseguimos también la satisfacción de los técnicos, haciendo que su trabajo sea más fácil, seguro y eficiente.
La sostenibilidad de los nuevos centros culturales está ligada a su adecuación tecnológica, pero también a lo que podríamos llamar su ergonomía tectónica. Para nosotros, cada paisaje tiene una estructura oculta que habla de las tensiones y fuerzas en juego y así, la arquitectura nace del encuentro entre la idea y el lugar. Como un árbol, los edificios crecen sobre la tierra y su gesto se configura por ello. Hoy día la tecnología hace posible que los edificios estén dotados de recursos capaces de hacerlos funcionar en cualquier parte del mundo, como una cápsula abstraída de su circunstancia; su contrapartida está en el derroche de energía necesaria para hacerlos viables. Así pues, nuestro estudio practica lo que podemos llamar un diseño eficiente en la concepción de los edificios, de manera que el implemento tecnológico y energético necesario para su funcionalidad en este sentido sea mínimo. Un buen aislamiento tendrá siempre excelentes consecuencias sobre el acondicionamiento interior y el grado de apertura o transparencia de un edificio debe medirse en función de diversos parámetros, no solo estéticos, sino de otro rango.
En nuestra experiencia hemos aprendido que los mayores errores no proceden de la ignorancia, sino de la arrogancia y, por ello, nos acercamos al tema preguntando directamente a todos los agentes implicados: público, gestores, artistas, técnicos, etc., porque nos interesan los problemas que les aquejan y el lugar donde residen los aciertos que perseguimos. Hemos aprendido a dudar de la superioridad y a entender que un empeño así solo puede materializarse mediante la contribución de muchos profesionales desde una arraigada conciencia de equipo, en la experiencia de un grupo humano entrenado que ha compartido muchas horas de trabajo. Creo que lo más relevante es precisamente eso, coordinar y dirigir un equipo de colaboradores numeroso y diverso, como una orquesta. La construcción de un edificio en este campo debe ser alta costura, a la medida y con la necesaria personalización que imponen muchas circunstancias, intrínsecas y externas. Hemos aprendido también que nuestra capacidad para ayudar al promotor no exime a este de la responsabilidad de decidir sobre sus propios objetivos y que muchas dudas e incertidumbres respecto a esto son generadoras de disfunciones posteriores en diferentes momentos del proceso. En resumen, que existen multitud de pequeños matices en todo cuanto hacemos, cuyas consecuencias pueden ser decisivas en el resultado final y en las condiciones de su explotación.
Finalmente señalar mi convicción respecto de la necesidad de modificar los parámetros con arreglo a los que se promueven habitualmente estos edificios. Nuevos planteamientos para tener una arquitectura a medida, más que una arquitectura de autor, ajena a manierismos estereotipados y gestualidad vacía. Una interesante elección para quien quiera aprender que este oficio es …algo más que los fuegos artificiales.
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