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Heteatrodoxias, por Xavier Marcé

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robertmuroAmpliar el mercado interior de la cultura

Hoy en día, la trayectoria de un producto cultural que quiera triunfar de manera global tiene que ir de dentro a fuera. Es decir, la tendencia actual es que los proyectos que cosechan un gran éxito en un mercado local son los que más posibilidades tienen de ser internacionalizados. Es por ello que Xavier Marcé considera en este artículo que en nuestro país deberían potenciarse menos los contenidos, que muchas veces ni siquiera tienen donde exhibirse, y más los públicos, o lo que es lo mismo, nuestro propio mercado interior.

Los americanos se interesan por cualquier película europea que tenga buenos resultados en la taquilla de su país. En muchos casos compran los derechos para producirla de nuevo en los EEUU con criterios estéticos (generalmente peores) y actores americanos, para lanzarla al mercado propio y posteriormente exportarla a Europa donde, probablemente, volverá a triunfar. Entendido como un mercado global, no pocos europeos pensarán que la película era directamente americana, dado que en la mayoría de los casos el original no salió de su país de origen. Muchos empresarios teatrales españoles visitan regularmente los escenarios de Londres o Paris en busca de espectáculos muy comerciales con el objetivo de comprar sus derechos y producirlos en España. Por supuesto que en la Feria de Frankfurt los editores internacionales están muy atentos a los periódicos éxitos locales de novelistas poco conocidos, económicamente asequibles y a menudo apoyados por las instituciones locales que facilitan su traducción.
Todo ello es el "abece" de la economía internacional y si alguna cosa demuestra es la extrema importancia de los mercados locales. Las propuestas culturales que logran conquistar sus mercados internos tienen mayores posibilidades de internacionalizarse.
Parece una verdad de perogrullo, pero en España las políticas de creación de públicos no son especialmente activas. En el sector teatral, por ejemplo, observamos una paradoja sorprendente; las instituciones ayudan a producir casi 1.000 espectáculos al año y más de la mitad no tiene circuito alguno donde exhibirse. Podría entenderse si el sistema teatral español fuera privado, pero el problema es que es esencialmente público. Esta especie de ley de la jungla sólo tiene dos soluciones posibles: o reducimos las ayudas para producir espectáculos o incrementamos los públicos, o quizá podamos hacer las dos cosas a la vez, buscando una mayor calidad y sostenibilidad general del sistema.
En cualquier caso la clave del tema es incrementar el público del teatro, o sea, el mercado interior. Primero, porque facilitará de manera inequívoca la discriminación positiva o negativa de las diferentes propuestas escénicas, tanto en términos de calidad como de comercialidad, y en segundo lugar, porque permitirá una progresiva mejora de nuestro estatus escénico a nivel internacional.
La Administración tiene mucho que decir en todo ello, a la vista sobretodo del carácter obsoleto de la mayor parte de los instrumentos públicos de gestión. Para muestra un botón: la bajada de las contrataciones municipales motivada por las reducciones presupuestarias son independientes del interés real que pueda generar un espectáculo. Las restricciones afectan y acentúan únicamente el papel de intermediación que realizan los Ayuntamientos.
Ocurre algo similar con la política de subvenciones, lógicamente equitativa, con tendencia repartidora y con escaso poder discriminador entre aquellas propuestas de carácter comercial y otras de mayor calado artístico.
Pero, aún siendo la Administración un agente esencial para cambiar el rumbo de nuestro modelo cultural, más importante es todavía la actitud de los empresarios culturales. El diferencial entre costes de producción y resultados en taquilla es a menudo descorazonador y la inversión en publicidad y marqueting escasísima.
En la medida que el sistema público de ayudas al teatro y a la cultura en general se destina básicamente a fomentar la producción de contenidos la tendencia general de los empresarios es a pasar página rápidamente cuando un espectáculo funciona mal e, inmediatamente, producir uno de nuevo. No es lógico, pero el conjunto del sistema lo favorece. Los empresarios españoles son perfectamente conscientes de que, salvo en Madrid o Barcelona, en el resto de las ciudades la comercialización de sus productos está en manos de estrategias públicas. En época de vacas gordas esta realidad se convierte en un club privado donde sus miembros viven perfectamente, pero en momentos de crisis esta misma realidad puede llegar a ser desesperante.
Por eso es necesario afrontar una cierta liberalización del sector cultural. Permitirá mejorar la fortaleza de las empresas y facilitará, igualmente, una mayor definición de las acciones públicas directas. Hoy en día ambas realidades comparten un mismo mercado de manera muy confusa. El mercado cultural español tiene muchos retos que afrontar, pero hay uno fundamental y es aportar más contenidos a una cesta de consumo que cada día es más global. No me refiero a producciones finales sino a contenidos intrínsecamente españoles que generen derechos para sus autores y que puedan ser susceptibles de interesar en otros lugares del mundo.

Xavier Marcé
heteatrodoxias@elespectaculoteatral.es

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