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Ferias y feriantes,
por Isidro Rodríguez Gallardo

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Gallardo AL FINAL DEL ARTÍCULO .


isidro rodríguez gallardoLa bailarina sobre el cable de acero


"Siempre que enseñes, enseña a la vez a dudar de lo que enseñas", José Ortega y Gasset.



El circo siempre le ganó al teatro con respecto al niño. Y le sigue ganando.
Quizá sea porque el circo es lo que es y no cambia en función de las niñas y niños ni de sus edades o condiciones sociales o de lugares.
Descubrí el circo cuando se me helaban las piernas en invierno a causa de la edad, que aún no me permitía vestir pantalones bombachos que dieran paso y continuidad a los largos.
Fue en un pueblo de Extremadura, en un día nubloso y tibio de otoño, en los inicios de un curso escolar tan parecido a los anteriores que bien podía ser el mismo del año anterior y que así seguiría siendo hasta que se agotara la Enciclopedia Álvarez. Ese día apareció en el patio del colegio, en pleno recreo, un hombre pintado de payaso que tocaba una trompeta, o, mejor dicho, que daba trompetazos, y llevaba atado a una correa un pequeño mono que sembró entre todos una situación mezclada entre el miedo y la sorpresa. Anunciaba que había llegado el circo y habría funciones de tarde y noche. Se habían instalado en las eras de trilla, a la salida del pueblo. Las mariposas se revolvieron en mi estómago y nada más salir del colegio corrí como si me hubieran crecido alas en los pies hasta las eras, y ante mí se abrió un camino de magia y fantasía. El trajín de aquellas gentes me pareció maravilloso.
Fui a ver la función de la tarde y creo recordar que pase todo el tiempo con la boca abierta. Me enamoré de la bailarina que atravesaba el espacio sobre un cable de acero. Me cortaron las respiración los equilibristas, el hombre comefuegos, malabaristas, domadores, el presentador y sobre todos el Payaso Bueno (gracias Alex de la Iglesia).
Yo no sabía qué era lo que estaba viendo, pero sentía un maravilloso dulzor en las rodillas y que mi corazón se acababa de abrir hacia algo sin lo que no podría vivir. De esto hace mucho tiempo. Pero más años tienen "La Meninas", o "El carro de heno"…
Bueno pues eso, que cada febrero pongo en mi maleta mi pantalón corto con tirantes y me voy hasta Gijón y estoy en FETEN. Eso sí, encantado con Marián, Toño, Humberto; en fin con todos. Sin problemas. Los problemas los tienen ellos para reunir los dineros y que todo sea estupendo para los cientos que llegamos en busca de la bailarina de cada uno. Veinte ediciones y para celebrarlo un apretado programa de muchísimas funciones en diferentes lugares, más las actividades de calle. En los seis días de programación alcancé a ver una media de entre cinco y seis espectáculos diarios. Si todos esos espectáculos me hubieran emocionado y convencido, a una medía de diez por año, tendría para cubrir casi cuatro años de programación en un teatro de una población grandecita. Y a esto hay que añadir las funciones para el publico cautivo, o sea las campañas escolares que, como es sabido, contienen sus ingredientes didácticos, pedagógicos, etc., y además pudiendo elegir el idioma.
El mercado tiraniza la creación, la conduce, la manipula. Pero no todas las compañías, por fortuna, van por esa senda que, además, conduce al pozo del olvido.
¿Por qué tiene que asumir el teatro para niñas y niños aspectos que son puramente de aula?
¿Merece la pena para el creador tanto sacrificio, tanta renuncia? Claro es que si hablamos de supervivencia….: Perdón. En Gijón, encontré a mi bailarina el primer día de FETEN, en la sala 2-A del Centro de Cultura del Antiguo Instituto, a eso de las ocho de la tarde: "La gallina submarina". La sencillez hecha excelencia. En escena un músico en su punto: Pablo Navarro, con su contrabajo, guitarra o percusión, dependiendo de las exigencias, pero siempre perfecto. Una actriz inteligente a la vez que soprano maravillosa: Marina Bollaín. La escenografía ingeniosa: sombrillas con diferentes colores, y, ¿para qué más?; y un breve conflicto, entendible, claro y concreto y, por si fuera poco, unas canciones estupendas, que si "La chata meringüela" o "El señor don gato" para que cantáramos todos y "El cangrejo alejo" o "Los pollitos" y... lástima que fueran tan solo unos muy cortos cincuenta minutos.

Y en FETEN, como en la Feria de Castilla la Mancha, el run, run, run, el mira que, pues anda, que sí, que resulta que es posible que los teatros públicos, sí, esos que se mantienen del erario público y algunos de nueva construcción y que han salido del mismo sitio, casas de cultura, auditorios, etc., pasarán a ser gestionados por empresas privadas. Pues bonita solución si esto es cierto. Se le hizo a alguien la sesera agua de tanto pensar. Pero mira, quizá lo que no se hizo en su tiempo habrá que hacerlo ahora y, por fin, nos llegue nuestro "mayo francés", que nunca es tarde si la causa es la que debe ser.
Andres Beladiez es el responsable de la programación de la Feria de Teatro de Castilla la Mancha, que se realiza en Puertollano, a excepción de un saltito que dio hacia Albacete (que ya podía el señor Meléndez, don Ricardo, recuperar aquella maravillosa Muestra de Teatro Contemporáneo de Albacete de finales de los años ochenta).
El trabajo de Andrés es tan intenso, tan interesante, tan bueno, que deja con las posaderas al aire a las concesiones que él mismo hace. Su programación está exenta de la obligación de contrato para los asistentes, pero está llena de la satisfacción que produce la creación sin más. El arte por el arte, sin concesiones y el que quiera y pueda que lo asimile. No obligatoriamente una feria ha de ser un mercado de compra y venta. O sí. Pero hay que marcar una personalidad a cada evento para que nadie se llame a engaño y esta feria ya la tiene de la mano de Beladiez.

Francisco Nieva, premio Valle Inclán. Todo lo que sea reconocer la valía y la importancia del beneficio que don Francisco ha supuesto para el teatro de este país, estará por debajo de su obra. Y ahora es precisamente cuando hay que hacer estos reconocimientos y no esperar al día después.

Helena Pimenta es una mujer muy inteligente, desde aquí mis sinceras felicitaciones. Pero no solo para ella, también para la propia Compañía Nacional de Teatro Clásico. Conozco los trabajos de Helena, desde "Danteria", con Atelier, hasta "Las cartas", de Juan Mayorga, con Ur Teatro. Es una mujer que va siempre al fondo de la cuestión y a la superficie de la tabla con los intérpretes. Y después todo lo demás, que si está o no está, no ocurre nada grave. La parafernalia innecesaria es un veneno siempre y más en los tiempos que nos están haciendo vivir. Mucha mierda Helena.

"Todas las pasiones son buenas mientras uno es dueño de ellas, y todas son malas cuando nos esclavizan", Jean Jacques Rousseau. (Pero que agustito, ¿no?)

Isidro Rodríguez Gallardo.
feriasoferiantes@elespectaculoteatral.es


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